SANTO TOME. En horas de la mañana de este lunes, se llevó a cabo una sencilla pero emotiva ceremonia en el sector de acceso a las nuevas salas de cirugía del Hospital “San Juan Bautista” que el pasado día 27 de agosto fuera inaugurada en el centro asistencial público de esta ciudad, oportunidad en que fuera descubierta una placa recordatoria en homenaje a quien fuera un destacado profesional y también directivo, el doctor Adolfo Bernardino Schneider más conocido como “Pino”. La misma fue una iniciativa de la Asociación Cooperadora del Hospital “San Juan Bautista” que preside Rosa Beatriz Delgado.
En la oportunidad estuvieron presentes directivos del hospital encabezado por el doctor Ramón Agustín Victoria; familiares de “Pino” Schneider; profesionales médicos del hospital e integrantes de la Asociación Cooperadora e invitados especiales.
Previo al descubrimiento de la placa, hicieron uso de la palabra el director del hospital doctor Ramón Victoria, luego hizo lo propio su hijo, el doctor Adolfo “Tupy” Schneider y finalmente hizo lo propio Rosa Beatriz Delgado en su carácter de titular de la Cooperadora.

Discurso Homenaje al Dr. Adolfo Bernardino Schneider – PINO
“Querida comunidad hospitalaria, familiares, colegas y amigos: Hoy nos convoca un momento que trasciende lo institucional. Nos reunimos aquí para descubrir una placa que no es un simple trozo de mármol, sino el símbolo vivo de una trayectoria, de una vida entregada con entereza, humildad, profesionalismo y, sobre todo, con un altísimo sentido humanitario. La historia del doctor Adolfo Schneider fue escrita con letras de servicio y altruismo. Fue un verdadero bastión de la salud en tiempos donde las limitaciones y las carencias parecían insalvables. Supo luchar, no solo con bisturí y conocimiento, sino con corazón y convicción, apoyándose en múltiples actividades hospitalarias. Uno de los hitos que marcaron su camino fue la creación del Servicio de Terapia Intensiva, un sueño que se hizo realidad gracias al empuje de la Sociedad Cooperadora —liderada entonces por la señora Nina Silvano de Foderé— y con la colaboración invaluable de vecinos como Agustínho Toneloto, Carlos Pont Verges, Diego Bruno y Julio César Storti”.
“Esa semilla que germinó bajo su mirada se convirtió en un espacio vital para la salud de nuestra comunidad. Pero Pino no solo fue un médico brillante. Fue también un ser humano cercano, profundamente querido por sus pacientes, en especial por los de la tercera edad, quienes con solo verlo ya se sentían mejor. Y fue, además, un amigo entrañable, como lo fue para Doña Rosita, mi madre, que le preparaba dulces de mamón, guayaba o calabaza, y a quien él le decía con una sonrisa cómplice: “Rosa, en un tiempito que tengas haceme un dulce, aunque sea de piedra”. Esa simple frase lo pinta de cuerpo entero: humano, sencillo y agradecido. Ya retirado del hospital, su querida esposa Imelda solía llamarme para compartir momentos con él, conversar y recibir sus consejos. Hasta en esos instantes de intimidad seguía pensando en su hospital, en su comunidad, en la necesidad de que cada sala de salud estuviera ordenada y prolija, como él lo soñaba. Fue así que, con esfuerzo conjunto, se lograron poner en condiciones salas como la del barrio Estación —que él tanto quería— y la del barrio San Martín, que hoy lleva su nombre. Solicite al Sr Ministro de Salud, Dr. Ricardo Cardozo, para que autorizara a poner su nombre al servicio nuevo de cirugía y maternidad, recientemente creados. Entre tantas anécdotas, permanece viva aquella cirugía de alto riesgo que realizó a un jugador de fútbol de apellido Maciel, extrayéndole un coágulo de sangre en su cerebro. Contra todo pronóstico, el paciente resistió y vivió muchos años más. Esa era la mano y el corazón de Pino: firme, precisa y llena de esperanza. Hoy, al descubrir esta placa, no hacemos más que dar forma tangible a lo que ya vive en nuestra memoria y en nuestro corazón. Porque Pino fue hijo, esposo, padre, abuelo, colega, correligionario y, por sobre todas las cosas, amigo. En cada rol dejó su impronta, en cada paso una marca imborrable. Gracias, querido doctor Schneider. Su legado no se mide en años, sino en vidas tocadas, en sonrisas recuperadas, en hospitales y salas más humanos y en la certeza de que aún hoy nos sigue enseñando”.
Comisión Cooperadora del «HOSPITAL “SAN JUAN BAUTISTA” En memoria al doctor Adolfo Bernardino Schneider




