ALVEAR. «Tiraron para adentro de la casa directamente para hacer daño. En este momento podríamos estar lamentando una tragedia increíble. Con estas palabras cargadas de angustia y temor, Daniel Aguilera (51) rompió el silencio tras el brutal ataque perpetrado contra la vivienda donde vive actualmente su hijo Fabricio y su herramienta de trabajo en el Barrio 38 Viviendas de esta localidad. Una bala pasó a centímetros de un nene de nueve años que dormía en una de las habitaciones.
Daniel Aguilera relató la odisea de su familia durante el atentado mafioso. El humo del auto incendiado casi asfixia a sus nietos y a su ex esposa mientras dormían y las balas 9 mm impactaron a centímetros de su nieto.
En una entrevista radial concedida al programa “Agenda Abierta” que se emite por FM Ciudad de la ciudad de Santo Tomé, el vecino – quien se desempeña como remisero y comerciante – detalló cronológicamente cómo una noche que parecía normal mutó en un atentado con tintes mafiosos que casi le cuesta la vida a toda su familia.
Del «accidente» a la trama criminal
El hecho se desencadenó entre las 02:00 y las 02:30 de la mañana del sábado, cuando el hijo de Aguilera lo despertó de urgencia advirtiéndole que el automóvil familiar se estaba incendiando en la vereda. Tras la intervención de los bomberos y la policía, las llamas fueron sofocadas. «En ese momento pensamos que el auto se había prendido fuego solo por un cortocircuito. Estábamos de madrugada, no miramos bien y nos volvimos a dormir», confesó el damnificado.
Sin embargo, el escenario cambió por completo al amanecer, cuando Aguilera regresó de un viaje comercial a la ciudad fronteriza de Uruguayana. En ese momento, su hijo Fabrizio le mostró un hallazgo espeluznante: cinco vainas servidas en la calle y cinco impactos de bala distribuidos en la puerta y la mampostería del frente de la vivienda de su madre.
El peritaje posterior, realizado por especialistas convocados desde Santo Tomé, confirmó que los atacantes utilizaron pistolas calibre 9 milímetros – un armamento comúnmente asociado a las fuerzas de seguridad – y que abrieron la parte trasera del automóvil para arrojar una botella con combustible, lo que provocó una violenta explosión.

Vecinos al rescate y milagro en el dormitorio
Aguilera reveló que la dirección del viento en esa madrugada jugó una pasada casi mortal: toda la densa humareda del Volkswagen Gol Country rojo fue empujada hacia el interior de la vivienda. Sus familiares, que dormían profundamente, comenzó a intoxicarse y a perder el oxígeno sin notar lo que ocurría.
«Gracias a los vecinos la familia sigue viva. Ellos empezaron a tirarle piedras a la casa para despertarlos mientras llamaban a los bomberos. Si no actuaban, esto iba a ser una masacre por falta de oxígeno», afirmó conmovido.
El peligro mayor se constató en una de las habitaciones de la vivienda. Uno de los proyectiles de 9 mm atravesó la pared de la fachada e ingresó al dormitorio donde descansaba el nieto de Aguilera, un niño de 9 años. La bala se detuvo a escasos 20 centímetros de la cama, donde el menor solo estaba protegido por una cortina de tela.
Sin respuestas y sin custodia policial
A tres días del atentado, la indignación de la familia Aguilera radica en lo que el considera una total inacción y desamparo. Solicitó resguardo para su familia a la Policía y a las autoridades judiciales y no obtuvo respuesta alguna, señaló Aguilera.
El remisero aseguró que no tiene deudas ni enemigos en la localidad, por lo que el ataque le resulta completamente inexplicable y sospecha que buscaron «cerrarle el paso» por algún motivo ligado a su actividad de transporte hacia los hospitales de Santo Tomé o Paso de los Libres.
«Estamos asustados y desesperados, de noche no podemos dormir tranquilos. Pedí formalmente custodia policial para mi familia por todo lo que sucedió y la respuesta de la comisaría fue que ‘tenemos que esperar’. Hoy es el tercer día y no sabemos nada, no tenemos ninguna respuesta de la justicia ni de la policía», denunció Aguilera, quien además lamentó la destrucción total de su vehículo, el cual representaba el único sustento económico de su hogar.
También Aguilera lamentó que los vecinos del lugar se negaran a facilitar las grabaciones de las cámaras que poseen y que eso termina dificultando mucho la investigación del resonante caso.
Fuente: Digital Santo Tomé



