SANTO TOMÉ. El abigeato golpea nuevamente a los productores locales de la costa del río Uruguay. En las últimas horas, delincuentes carnearon dos vacas en un establecimiento rural de la zona, una de las cuales estaba preñada y a punto de parir. El hecho expone la desprotección en la región y contradice las estadísticas oficiales de seguridad de la provincia de Corrientes.
El ilícito ocurrió en el Paraje «Cuay Grande» aprovechando la distracción por el partido del Mundial de Fútbol. Vecinos apuntan a la falta de control tras el abandono de un destacamento de Prefectura.
Un nuevo golpe de abigeato sacudió a los productores ganaderos de la región en la tarde de este miércoles. Dos animales vacunos fueron robados y faenados en el establecimiento rural de la familia Storti, ubicado en la zona conocida como “Potrero Santa Ana”. El campo damnificado se encuentra a solo 400 metros al sur de donde funcionaba el Destacamento “Lorenzo Romero” de la Prefectura Naval Argentina, el cual fue desactivado y abandonado hace pocos meses.

Según fuentes calificadas, los delincuentes aprovecharon el horario en que se disputaba el partido de fútbol entre Argentina e Inglaterra para actuar sin ser vistos. Los atacantes faenaron dos vacas a escasos 20 metros de la costa del río Uruguay; una de ellas se encontraba preñada y en la fase final de su gestación. Las huellas halladas en el lugar confirman que los cortes de carne fueron cargados de forma inmediata en embarcaciones.
Contraste con el relato oficial
El hecho delictivo vuelve a poner en jaque los discursos de las autoridades del Ministerio de Seguridad provincial. Mientras las estadísticas oficiales aseguran una baja en los delitos rurales en el tramo Santo Tomé – La Cruz, los productores locales sostienen que la realidad diaria es opuesta. La vulnerabilidad de la frontera fluvial y la quita de puestos de control de fuerzas federales transformaron la zona en un territorio desprotegido.
La principal hipótesis de la investigación señala como autores a ciudadanos brasileños que operan como vaqueanos. Los criminales conocen el terreno al detalle, cruzan el río en canoas y concretan el faenamiento clandestino en cuestión de minutos para luego comercializar la carne de contrabando en el país vecino o bien para consumo propio.
Fuente: Digital Santo Tomé






