Otro bochorno en la Liga Santotomeña: Duró dos días como presidente interino, lo desplazaron y concretaron el «operativo retorno» de Silva

SANTO TOMÉ (Sábado 19 de septiembre de 2026). El fútbol oficial de Santo Tomé sumó un nuevo y escandaloso capítulo que profundiza su acefalía moral y organizativa. Apenas 48 horas después de que el Consejo Directivo aceptara de palabra la licencia por tres meses del presidente Maximiliano Silva por supuesto «estrés», una cumbre relámpago de presidentes de clubes resolvió este viernes por la noche anular el interinato de Ramón Urbieta, rechazar la licencia y restituir a Silva de forma inmediata en su cargo.

La maniobra, calificada en los pasillos de la institución como un «operativo retorno» orquestado a través de convocatorias informales por WhatsApp, desautorizó por completo lo actuado por los delegados el pasado martes. Los presidentes alegaron un vacío legal: afirmaron que la nota de Silva jamás fue sometida a votación formal para su aprobación o rechazo en el acta, por lo que desconocieron la validez legal del mandato de Urbieta, quien ya había comenzado a mostrar una impronta de ordenamiento institucional.

El factor económico y la Inspección de Personas Jurídicas

Detrás del apuro de los dirigentes por reincorporar a un presidente severamente cuestionado asomaron complicaciones financieras y burocráticas. Según fuentes ligadas a la reunión, el argumento central para forzar la vuelta de Silva fue que es el único firmante registrado (o uno de los poquísimos) ante la Inspección General de Personas Jurídicas de la Provincia.

De mantenerse la licencia sin un trámite formal homologado ante el órgano de contralor, la Liga hubiera quedado inhibida de retirar fondos de sus cuentas bancarias para la operatoria diaria, ya que la firma de Urbieta carecía de validez ante la entidad financiera. Esto desnudó una grave desprolijidad administrativa interna: se cuestiona por qué el secretario o la tesorera no leyeron y asentaron la nota como correspondía para evitar el colapso administrativo.

Silencio cómplice y elecciones anticipadas como «distracción»

El avasallamiento de los presidentes de clubes sobre el Consejo Directivo expone, según analistas del fútbol local, una fuerte crisis de personalidad y sumisión por parte de los delegados, volviendo al desorden el actor principal de la entidad. Cabe recordar que Silva arrastra una suspensión de tres años dictada por la Asociación de Veteranos de Fútbol tras comprobarse que habría adulterado la edad en una fotocopia de su DNI para jugar de forma irregular en el Club América.

Para intentar apaciguar el malestar generalizado de los hinchas y jugadores, y bajo el temor latente de una intervención inminente de Personas Jurídicas por las irregularidades acumuladas, la cúpula de la Liga lanzó una promesa de palabra: convocar a una asamblea extraordinaria en febrero de 2027 para elegir nuevas autoridades, recortando un año el mandato vigente.

Para el arco opositor de la Liga, este anuncio no es más que una maniobra de distracción para que baje la espuma de los escándalos judiciales y deportivos, garantizando que el sillón presidencial siga ocupado por el cuestionado dirigente.

MOSTRÓ ORDEN Y FUE EYECTADO DEL CARGO. Ramón Urbieta quien durante dos días ejerció el cargo de presidente interino de la Liga Santotomeña de Fútbol tras un pedido de licencia de Maximiliano Silva de tres meses, puso al desnudo un entramado dirigencial en la entidad que rige los destinos del fútbol santotomeño y que quedó en evidencia con su intempestiva salida del cargo tras una convocatoria de presidentes de manera informal que no avaló la licencia de Silva y allanó el camino a su regreso al cargo y por consiguiente el desplazamiento de Urbieta. Este en tan solo dos días mostró cierto orden y apego a la labor designada, lo que molestó y mucho a «los presidentes». Pero como a las cosas hay que decirles por su nombre, la única verdad es la realidad y la realidad es que lo que obnubila a los presidentes o al menos a una gran mayoría, es el dinero que se supone esta depositado en una entidad bancaria y que pertenece al canon que pagan las antenas de telefonía celular.

 

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