CORRIENTES. El 10 de diciembre de 1993, hace 30 años, asumía la Gobernación de la provincia de Corrientes la fórmula de Raúl Rolando Romero Feris y Lázaro Chiappe como gobernador y vice gobernador, tras un interregno de tres intervenciones federales que implicaron un corte en los diez años de democracia que se celebraban en el país.
Se iniciaba así un período muy duro de transformaciones, que lo marcó desde el principio quien llegaba a la Casa de Gobierno de la mano del Pacto Autonomista Liberal tras haber derrotado al Frente para la Victoria de Alberto Di Filippo y Rubén Pruyas, que esquivaron una segunda vuelta electoral.
La provincia de Corrientes estaba sumida en una profunda crisis económica, con una deuda heredada de los años de la hiperinflación de Alfonsín, el desmanejo económico de la clase política local y la rapiña de las intervenciones federales que llegaron de la mano de sectores ambiciosos de poder, que dejaron las arcas sin fondos y sin posibilidades de recuperación si no se iniciaba urgentemente una profunda reforma del Estado, la puesta en marcha de un plan de reestructuración de sus bases, y la generación de condiciones para la inversión privada en sus riquezas naturales para su explotación inmediata y racional.
Menudo desafío para tan sólo cuatro años de gestión.
Es así que Romero Feris en su mensaje a la Legislatura provincial, aquel 10 de diciembre, luego de exponer sus principios de gestión, delineó los primeros pasos de «acciones y hechos concretos».
«Como gobernador encabezaré este proceso de recuperación y cambio, recorreré cada rincón de Corrientes y atenderé a cada habitante que se me acerque para saber de sus preocupaciones y entender de sus necesidades», propuso como modo de gobernar. Modo difícilmente superado, que aún hoy practica en la vida política.
«El sillón de Ferré no me fue dado en propiedad sino como un instrumento válido para que trabaje con todos y para todos, para que empuje su desarrollo y asegure la certeza de su prosperidad creciente», marcaba estrictamente.
En ese mensaje ponía en situación de cómo hallaba la Provincia tras las intervenciones federales. De manera descarnada la describía para que se sepa de dónde partía: «desarticulación del aparato productivo, parálisis económica, deterioro de los niveles de educación, de salud, de su servicio de Justicia y seguridad y de las infraestructuras de toda clase y naturaleza».
A treinta años Romero Feris ya proponía firmemente «la imprescindible reforma del Estado que dejará de ser carga para los ciudadanos retirándose definitivamente de todas aquellas funciones y actividades empresarias en donde fracasó sin atenuantes». Pero advertía para los obsecuentes de las pivatizaciones sin sentido: «No nos desprenderemos del patrimonio de los correntinos por el sólo hecho de ponernos el rótulo de privatizadores»… «No menos importante es la desregulación de la economía que significa emprender el camino de la competencia que pone a prueba la eficiencia, la capacidad de trabajo y la imaginación, por lo cual tenderemos a eliminar toda clase de monopolios, sean estatales o privados».
Ya en tren de gobierno, Tato propuso un Plan de Emergencia de aplicación inmediata, cumpliendo su promesa electoral de poner de pie a la provincia en tan sólo 180 días. En aquel tiempo hasta sonó increíble para propios y extraños. Pero los datos históricos indican que lo logró, para luego iniciar un proceso de construcción que no se detuvo por cuatro años.
«La salud, la educación, la red vial, la red energética» fueron la prioridad. Así surgieron programas como el de «180 Días», que se basaba en una reforma del Estado y la Descentralización en una acción delegada y coordinada con los municipios.
Nada podía hacerse sin la acción decidida del plexo normativo que salió desde la Secretaría General encabezada por el doctor Mario Zvedeñiuk, en tándem con el Ministerio de Hacienda con la contadora Zunilda Míguez. Los ejecutores fueron un equipo de trabajo coordinado desde la Gobernación, y con la premisa de cumplir sus propósitos en Educación con Carlos Tomasella, en Salud Pública con Pedro Braillard Poccard, en Agricultura y Ganadería con Arturo Freyche, en Obras Públicas con Horacio Silva. Mientras que en el Invico César Brítez, Lucía Ortega en Asuntos Municipales y Carlos Martínez en la Supce, fueron los mayores responsables en la obra pública que posibilitó poner de pie a Corrientes en tan poco período de tiempo. «Mi equipo de trabajo», lo bautizó.
Más de 24.000 viviendas nuevas construidas, de las que 16.000 fueron casas populares para familias de bajos ingresos, cinco hospitales nuevos, entre ellos el Pediátrico Juan Pablo II y la ampliación y modernización del Instituto de Cardiología, la erradicación de más de cien escuelas rancho, la Estación de Rebaje de Paso de la Patria, la pavimentación de rutas provinciales, la extensión de la red de energía y una obra que nunca más se repitió en 25 años: el Puente Internacional Santo Tomé-San Borja.
Además en esos cuatro años Corrientes pasó a ser la primera provincia en superficie forestada y alcanzó las cien mil hectáreas sembradas de arroz, mediante el impulso fuerte a políticas de radicación de inversiones agrícolas.
Ello le valió que se pongan en contra los detentadores de la «casta política» de ese tiempo enrolados en los partidos políticos, a los cuales había advertido aquel 10 de diciembre que «quedaban en la vereda de la Casa de Gobierno», para convertirse él en «gobernador de todos los correntinos sin diferencias de origen».
Los cuatro años fueron de fuertes resistencias de esa clase política que esperó algunos años para tomarse revancha y romper el orden constitucional mediante un golpe de Estado, restándole nuevamente años de democracia a la provincia.
«Es que la contención del gasto superfluo, la reorganización de las estructuras orgánicas y funcionales, la reestructuración de la planta de personal», y lo más significativo, «la revisión de todos los valores del costo de la obra pública» regenteada por la «cementocracia» local, calaron hondo en una apropiación sistemática del Estado por parte de socios de adentro y de afuera que lo usufructuaban.
Aquel 10 de diciembre de 1993, Tato sentenciaba con un mensaje que está vigente para las generaciones venideras. «Corrientes será grande cuando su gente, sus jóvenes y todos los brazos dispuestos a trabajar entiendan que no será el Estado, sino la valorización de nuestras riquezas y el resurgimiento de nuestras economías lo que les asegure una supervivencia digna».
Dos intendencias.
Ocho años después asumía bajo el mismo lema, con más obras, y la novedad en Seguridad como fueron los DTS, o «Bichitos de Luz», que marcaron la gestión frente a una nueva generación que no pudo ver su obra terminada por culpa de un golpe de Estado local.
Tato hoy
«Logramos poner de pie una provincia que estaba caída. Pusimos las bases en tan sólo 4 años. Los años que vinieron después resultaron en un retroceso de 50 años. Aún no se recupera todo lo que se perdió, porque el déficit de viviendas sigue creciendo, los niveles de educación son muy malos, las obras no alcanzan a cubrir las necesidades y Corrientes no se insertó en la región para liderarlas, porque se truncaron proyectos en marcha como el Segundo Puente Chaco-Corrientes, la Represa de Garaví, los puentes de Goya-Reconquista, Alvear-Itaquí y Monte Caseros-Bella Unión, mientras que Yacyretá parece ser que no está en Corrientes. Eso creo que es por falta de gestión y de no estar a la altura de aquellos años que iniciamos nosotros» , repasó el ex gobernador y dos veces intendente de la Capital.
Fuente: Diario Norte



