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23-11-2022

TESTIMONIO DEL PADRE DE LA PROFESORA AFECTADA

“Lo que sucedió fue premeditado y un alumno del mismo curso quería ponerles veneno para ratas en el termo en vez de los ansiolíticos”

GDOR VIRASORO y COLONIA LIEBIG. Hugo Correa, el padre de la profesora Andrea Correa a quien una alumna de 13 años les puso en su termo pastillas con ansiolíticos en una escuela secundaria de Colonia Liebig, relató cómo sucedieron los hechos que casi le cuesta la vida a la docente quien además sufre de diabetes, hipertensión, e hipertiroidismo. Expuso la frialdad con el que fue manejado el caso por los directivos del establecimiento donde ocurrió el hecho y la decisión adoptada de proteger la identidad y no sancionar a los menores involucrados. De acuerdo a lo informado, el hecho habría sido premeditado, y el ideólogo un varón de entre 12 y 13 años de edad quien inclusive habría sugerido a su compañera cómplice que en vez de pastillas le pusiera veneno para ratas. El motivo habría sido que es "una profesora muy exigente". 


Andrea Correa es la profesora de segundo año del nivel secundario, quien estando dando clases en una escuela del nivel secundario de Colonia Liebig, localidad ubicada a 35 kilómetros de Gdor. Virasoro de donde la docente es oriunda, a quien una alumna de segundo año le colocó días atrás tres pastillas con ansiolíticos (Valium) dentro del termo de la docente. No obstante ello, un alumno también de 13 años quería que le coloquen venenos para ratas.

RELATO DEL PADRE

En declaraciones periodísticas, Hugo Correa, padre de la docente afectada por la conducta de los dos alumnos, señalaba que “el día martes de la semana pasada, estando yo en mi casa, recibí un mensaje de mi hija Andrea pidiéndome desesperadamente que la buscara, pero no sabía dónde buscarla porque no contestaba los mensajes. Ella da clases en una escuela de Liebig y en otra de Apóstoles y por eso yo no sabía en qué escuela estaba, hasta que finalmente pude saber dónde estaba y fui a buscarla, todo eso fue a la mañana, aproximadamente a las 09:00 horas; y al llegar veo que ella sale a encontrarme sola, en un estado irreconocible, no me contentaba qué era lo que le pasaba, mostraba actos de desesperación, entonces la llevo hasta mi auto donde logro tranquilizarla un poco y es donde me cuenta que una alumna le había puesto algunas pastillas en el termo de agua, me relata que en el recreo una alumna de otro curso escucha que alumnas de su clase estaban hablando que hicieron eso, por suerte esta buena hija, este ángel de persona que si no hubiese sido por ella no sabemos lo que hubiera pasado, se animó a contar, porque mi hija viaja todos los días en auto de Virasoro a Liebig y de regreso, es diabética, hipertensa, y sufre de hipertiroidismo, por lo cual siempre esta medicada; ella había tomado sus medicamentos recetados y sin saber que le habían puesto otros medicamentos en el agua. La chica que escuchó lo que las demás habían hecho le cuenta a la preceptora y ante esto, concurre uno de los directivos al aula y pregunta quien fue que hizo eso, a lo que nadie contestó, por lo que luego de interrogar por varias veces amenaza a los chicos con sancionarlos a todos si no decían quien fue y recién ahí todos le miran a una de las chicas quien automáticamente se levanta y dice fui yo, lo que hizo que fuera sacada del aula para averiguar qué fue lo que le había puesto en el aula a lo que confesó que le había dado tres pastillas de Valium (ansiolíticos) un medicamento muy fuerte, lo que sumado a los medicamentos que toma diariamente mi hija fue demasiado” dijo inicialmente. 

A lo que agregó; “Luego de atenderla primeramente en el auto, le digo para llevarla al médico, y ella resuelve pasar primeramente por la Comisaría a hacer una exposición policial, yo lo veía muy mal y estaba apurado por llevarla al médico; cuando salía de la Comisaría la vi tambalearse, empezó a sentir más los efectos de la droga y a escasos 10 kilómetros de Liegib se desvaneció totalmente por lo que yo entré en un estado de desesperación y aceleré a toda la velocidad que daba el auto, al llegar paso por la casa de ella a buscarle al marido para que me ayude y lo llevamos directamente al Hospital donde estuvo casi cinco horas sin poder recobrar la conciencia. En el Hospital de Virasoro le hicieron un lavaje de estómago”, detalló. 

VENENO PARA RATAS

En cuanto a las versiones que indicaron que un alumno varón de 13 años había sugerido ponerle además de los ansiolíticos veneno para ratas, Correa manifestó que “ese día nosotros llegamos al Hospital de Virasoro casi a las 12:00 y tipo 07:00 de la tarde sale del Hospital, por lo que al día siguiente concurre con su marido al Colegio de Liebig para que se haga la denuncia del seguro, y pasa nuevamente por la Comisaría para saber los avances de la investigación y se enteró que la madre de la alumna involucrada había ido a hacer su descargo donde la madre dice que efectivamente la joven confesó que fue ella quien le puso pastillas en el agua, pero que no fue idea de ella, sino de un compañero varón, es decir, fue un hecho planificado, no fue una travesura o algo espontáneo, pero que la idea del chico no era ponerle drogas sino veneno para ratas, lo que sería mucho más grave, porque si este medicamento ya casi lo mata imagínense un anticoagulante. Además, imagínense si ella tenía que volver sola manejando su automóvil lo que le podría llegar a pasar si viniendo conmigo se durmió a escasos kilómetros de salir, por eso no voy a cansarme de agradecer a la alumna que se animó a hablar”, resaltó. 

¿PROBLEMAS CON LOS ALUMNOS?

Consultado si la docente tenía algún problema con algunos de los alumnos involucrados, el padre la Andrea Correa manifestó que no, “Al contrario, ella siempre tiene una buena relación con sus alumnos, siempre hay padres de ex alumnos suyos que la agradecen por ella ser tan buena docente; inclusive en la Comisaría le preguntaron a la madre de la menor si sabía cuál fue el motivo que lo llevó a hacer esto, y la respuesta fue “porque es una profesora muy exigente”; pero más allá de esto, el objetivo de qué era lo que querían hacerle no trascendió, no sabemos si querían darle un susto nomás o matarla”. 

También advirtió que los directivos de la escuela no acompañaron a la docente en ese momento tan difícil. 

NADA DE COMPAÑERISMO

En este aspecto, Correa sostuvo que “nunca la acompañaron. Cuando yo llegué a buscarla ella salió sola, yo creo que por humanidad, por ética o por simple compañerismo, los directivos la tenían que haber llevado directamente al médico en Liebig o en Apóstoles, y no hay la excusa de que no tenían vehículo porque estaba el auto de ella ahí en la escuela. Imagínense que cuando yo voy a buscarla nadie salió a dar ninguna información, y hasta ahora no se han expresado al respecto. Más allá de esto, mi hija va a seguir dictando clases en esa escuela, ella es una buena trabajadora, ella vive de la docencia, pero en este momento ella esta traumada con lo que pasó, va a necesitar ayuda psicológica seguramente”. 

DIRECTIVOS RESTARON IMPORTANCIA AL TEMA

Agregó además que: “Recuerdo que cuando fue al día siguiente a ver en qué estado estaba su denuncia en la Comisaría, luego pasa por la escuela para hacer los trámites del seguro donde le pregunta a la rectora si ya le comunicó a los colegas y a los alumnos del establecimiento lo sucedido y la respuesta fue no, que no había ninguna comunicación oficial, por lo que ella le pidió llorando que advierta de esta situación a toda la comunidad educativa de esa escuela”, comentó. 

¿Qué JACER CON LOS ALUMNOS?

En cuanto a los alumnos involucrados, el padre de los docentes manifestó no saber las medidas disciplinarias que fueron adoptadas, pero que ya habría una postura de los directivos de proteger a toda costa la identidad de los menores, por lo que lo más probable es que no reciban ninguna sanción, advirtió. 

PELIGRO CONSTANTE

Además, dejó entrever que el peligro es constante, porque todos los docentes llevan su agua, o guardan su almuerzo en la cocina del establecimiento, por lo que se debería tomar medidas. “Para mí esos chicos que hicieron eso están enfermos, están demostrando que necesitan de atención, que necesitan de asistencia psicológica, lo que es una pena porque son chicos de 12, 13 años, imagínense lo que pueden llegar a hacer cuando sean más grandes”, enfatizó. 

“A todo esto, luego de que le pasara los efectos de la droga suministrada, mi hija habló con su médica de cabecera quien le recomendó hacer una serie de estudios para ver si no le quedó daños neurológicos”, concluyó. 


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